jueves, 2 de junio de 2011

EL CHULLACHAQUI

Personaje ecológico de leyenda

Los mitos, son relatos orales tradicionales que dan cuenta de acontecimientos prodigiosos, protagonizados por seres sobrenaturales, dioses, semidioses, héroes o monstruos extraordinarios. Los mitos forman parte del sistema religioso de una cultura, y son considerados hechos reales. Los mitos, respaldan las creencias fundamentales de una comunidad, y se integran en la mitología que sustenta la cosmovisión de un pueblo.

Las leyendas, son también narraciones populares, orales o escritas, con gran dosis de imaginación, que por lo general, se presentan como verosímiles (que aparentan ser verdaderas, o pretenden basarse en hechos reales), se transmiten de generación a generación, y con frecuencia presentan supresiones, añadidos o modificaciones. La leyenda, es una historia con valor poético, y a veces valor moral.

Nuestra cultura amazónica es rica en mitos y leyendas; y uno de los relatos tradicionales más memorables, y del que existen una variedad de versiones, es el del personaje Chullachaqui que contiene mucho de mito y mucho de leyenda. Entre otras versiones sobre el Chullachaqui que se han producido y se siguen produciendo, algunos académicos y artistas han presentado también su propia versión; y en este artículo, hacemos referencia brevemente a algunas de ellas, para darnos una idea de la larga vida que le espera a este personaje.

Juan Sánchez Pacheco y Esther Pantigoso Medrano, en su libro “Identikit Legendario”, que es un catálogo de los personajes más célebres de la tradición oral amazónica, hacen una muy buena presentación del Chullachaqui. Los autores señalan que este personaje aparece como dueño y señor del bosque que protege la flora y la fauna. Es un hombre de mediana estatura, cuyo pie izquierdo es más pequeño que el derecho porque es una pata de venado, o a veces de tortuga, que le permite golpear muy fuerte a las aletas de los árboles de lupuna y chullachaquicaspi, haciéndolos retumbar, como señal de su presencia y anuncio de una gran tormenta. Con sus rasgos físicos, muchas veces nada atractivos, asusta a los invasores de sus territorios.

El chullachaqui, es el guardián de la naturaleza, y nunca aparece en las ciudades. Sus dominios, son las profundidades del bosque, y como todo ser rural, se dedica a la agricultura y a la crianza. Protege a los animales silvestres, los cura y los salva cuando están heridos. En sus chacras siembra y cultiva árboles frutales de los que se alimenta, y tiene plantas medicinales, que cuida con muchísimo celo. El chullachaqui, a veces comparte su sabiduría y poder con algunos curanderos, que se internan en el monte a dietar.

Un rasgo importante del chullachaqui, es su poder de transformación. Se convierte en personas conocidas o en cualquier animal del monte, para engañar o raptar. Convertido, conduce a su víctima, para hacerlo extraviar en el bosque. Sucede que la persona extraviada por el Chullachaqui, se desconecta de la realidad e ingresa en un estado de sonambulismo, y al despertar, relata experiencias fantásticas. El chullachaqui, señalan los autores de “Identikit Legendario”, no es un espíritu maligno, al contrario, engaña, se burla y bromea a costa de sus víctimas. Desbarata mosquiteros, apaga lámparas, esconde machetes, y evita que los cartuchos de las escopetas percuten.

El antropólogo y periodista limeño Carlos Dávila Herrera (llamado charapólogo, estudioso de la cultura charapa), se especializó en Etnología y Ciencia Social de la Amazonía; y en su libro “Brujos y Hechizados”, hace también una referencial puntual sobre el Chullachaqui. Carlos Dávila, señala que la mayoría de habitantes de la amazonía peruana, usamos la palabra quechua Chullachaqui (pie torcido) para nombrarlo, pero se usan también otras expresiones como Shapshico y Yashingo, y nuestros hermanos shipibos utilizan la palabra Giwuiyushin. Todas las traducciones de estos términos, se refieren a un personaje pequeño, una especie de espíritu o genio de los palos del monte.

Dorian Fernández-Moris, conocido joven publicista y cineasta loretano, realizó una libre adaptación de la leyenda del Chullachaqui, y produjo un corto de 30 minutos de duración, que se estrenó primero en Iquitos y luego en Lima. Esta realización, cuyo nombre es precisamente “Chullachaqui”, presenta la historia de un grupo de siete estudiantes universitarios de biología, quienes salen de la ciudad de Iquitos y se internan en la selva rural, con el objetivo de recolectar muestras y tomar apuntes para una asignación final, que les permitirá graduarse profesionalmente. El lugar elegido es Supayacu (cocha del diablo), zona de la que se han reportado anteriormente, misteriosas desapariciones. La excursión, que aparentemente es un viaje académico y de placer, se convierte en una verdadera pesadilla. Los estudiantes, irán desapareciendo uno a uno, sin percatarse que se han encontrado con una criatura que toma la forma de los amigos y camina con pies desiguales.

Lo particular de esta producción, respecto a la cartela nacional, es que al ser estrenada en Multicines Star Iquitos, produjo un lleno total y hubo una gran expectativa previa, como nunca antes vista. Fortalecido por este éxito, Dorian Fernández señaló que “el cine permite contar las historias y mitos selváticos para reivindicarlos, y dar a conocer así, al mundo entero, cómo pensamos nosotros los amazónicos, y que la interculturalidad en el Perú es un tema que todos conocen, pero que pocos entienden”.

Gino Ceccarelli, el reconocido artista plástico, también loretano, quien plasma desde hace años en sus pinturas, los mitos y leyendas amazónicas, tiene entre varios cuadros, por ejemplo, “Ensueño de Chullachaqui” y “Chullachaqui Fumando”, en los que representa a este personaje, dotado de una gran capacidad histriónica.

¿El chullachaqui es un personaje bueno o malo?. Es importante aclarar esta interrogante y valorar adecuadamente nuestra herencia oral amazónica. En principio, los relatos tradicionales, como la leyenda del chullachaqui, constituyen las expresiones de nuestra particular manera de ver el mundo, es decir, constituyen parte de nuestra cosmovisión, y por lo tanto, la base para concebir ulteriormente nuestra auténtica ciencia y filosofía amazónicas.

Así surgió la ciencia y la filosofía en Europa, hace más de 25 centurias. El auge de la cultura griega, cuna de la ciencia y la filosofía occidental, tuvo sus cimientos en los mitos y leyendas ancestrales, así como también a partir de las influencias o herencias de las mitologías, leyendas y cosmovisiones de los pueblos antiguos del mundo.

En este mismo sentido, la consolidación de nuestra cultura o civilización amazónica, se forjará rescatando lo mejor de nuestra tradición, y ahora más que nunca, los argumentos mitológicos de nuestra herencia oral, adquieren notoria vigencia.

Por un lado, desde la llegada de los sacerdotes cristianos a la amazonía, estos calificaron como idolatrías a todas las prácticas místicas amazónicas. En medio de esta negación de los valores amazónicos, calificaron como “supay”, es decir, como diablo, al personaje chullachaqui; y por estas razones, el guardián del monte, empezó a ser entendido como un personaje malo, que entorpecía las actividades extractivas de los madereros, cazadores, obreros petroleros, caucheros y demás depredadores de la naturaleza amazónica.

Otro punto de vista al respecto, y por lo tanto, otra manera de valorar al personaje chullachaqui, es aquel que lo reconoce como Dios Forestal, o espíritu protector del bosque amazónico. Desde esta perspectiva, todo calza perfectamente, porque nuestra cosmovisión amazónica, considera que cada árbol tiene su “madre” o espíritu, y el chullachaqui, aparece como el protector de los animales y las plantas de la selva. En este sentido, el hombrecillo de pies desiguales, es un personaje bueno, y su tarea es fundamental para la conservación de la bio-diversidad.

Ahora que la consciencia ecológica en el mundo entero adquiere cada día mayor importancia por las perturbaciones que sufre la naturaleza, los ecologistas, las organizaciones ambientalistas, los partidos verdes, etc, etc, considerarán al chullachaqui como su ícono fundamental, o imagen de todas sus campañas. Sobre todo en estos tiempos, el chullachaqui irá ganando cada vez más seguidores, porque cada vez más personas, querrán ser como él, es decir, guardianes y protectores de la naturaleza.

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