jueves, 2 de junio de 2011

LA PONTÍFICE

Las mujeres pueden ser superiores a los hombres

Otra vez el arte, a través de una obra literaria y la realización de la película correspondiente, sugieren verdades, que a veces no se pueden expresar directamente, sino a través del lenguaje artístico. En este sentido, hace algunas semanas, se estrenó en nuestro país, “La Pontífice”, una nueva película europea que remueve otra vez, la polémica sobre algunos dogmas cruciales de la Iglesia Católica. La película, fue basada en la novela “Pope Joan” (Best seller) de Donna Woolfolk Cross, una escritora norteamericana.
La obra literaria de éxito mundial, da cuenta de la leyenda de la papisa Johanna, una mujer que usurpó el papado católico, escondiendo su identidad sexual. El pontificado de esta papisa, se sitúa entre los años 855 y 857. Según la lista oficial de papas, estos años corresponderían a Benedicto III, en el momento de la usurpación de Anastasio el Bibliotecario. Algunas versiones afirman que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada, y otras versiones dicen que los años fueron entre 872 y 882, es decir, el periodo del papa Juan VIII.
El relato, señala que la papisa Johanna o Juana, era hija de un monje, y creció imbuida de religiosidad y erudición porque tuvo el privilegio de estudiar, a pesar que este hecho estaba prohibido para las mujeres de aquella época. Ya que la carrera eclesiástica, exigía que solamente los hombres estuvieran calificados para realizar sólidos estudios, Juana se infiltró como copista bajo el nombre masculino de Johannes Anglicus. Camuflada como hombre, Johanna pudo viajar de monasterio a monasterio y relacionarse con grandes personajes de la época. Llegó hasta Roma, donde obtuvo el cargo de docente. Debido a su gran prestigio y erudición, fue presentada al papa León IV, y enseguida se convirtió en su secretario para asuntos internacionales. A la muerte de este papa, Johanna fue elegida como el nuevo pontífice de la Iglesia Católica.

Dos años después, cuando la papisa disimulaba un embarazo, fruto de su clandestina relación con el embajador Lamberto de Sajonia, comenzó a sentir las contracciones del parto durante la realización de una procesión y parió en público. El gentío enfurecido la lapidó, y Johanna murió a consecuencia del parto. La novela de Donna Woolfolk, afirma que la existencia de esta papisa fue un secreto, y su nombre fue removido de los libros de historia. Así el papa Johannes Anglicus, quien llegó a dirigir la iglesia de San Pedro, se convirtió en leyenda.
La película “La Pontífice” fue dirigida por Sonke Wortmann, y estuvo a cargo de productores de películas como “El Nombre de la Rosa” y “El Perfume”. El film, recrea ejemplarmente la historia de esta novela, y la presenta muy provocadora, sobre todo para aquellas autoridades eclesiásticas que persisten en sus trasnochados dogmas.

El periodo de la llamada Alta Edad Media, contexto en el que se ubica la película, era una época en la que las mujeres no tenían un espacio público, y tampoco podían participar en actividades sacerdotales. Estas actividades eran exclusivamente masculinas. La película muestra al padre de la niña Johanna, decepcionarse cuando ésta nace. Para él, el nacimiento de una mujer, es algo así como una maldición porque significa una oportunidad perdida; significa un hijo menos (potencialmente sacerdote) que le restaría fuerzas a la labor de difusión de la fe cristiana.

La película muestra, lo salvaje e irracional que fue la actitud de muchísima gente respecto a la fe. Como nunca, cualquier reacción o pensamiento natural se calificaba como herejía y se procedía a sancionar con severos castigos. La niña Johanna, desde pequeña, mostró una gran capacidad para el estudio de la medicina, los idiomas, la filosofía y la Biblia. Ante su brillante despertar, sufre la frustración de no poder seguir estudiando, porque su anhelo, es indiscutiblemente, una herejía, y Johanna es castigada por su padre, cuando éste se entera que lee filosofía en griego.
La supuesta incuestionable doctrina cristiana señala, según palabras del encargado de la escuela en la película: “. . . que en la escuela no se puede aceptar a una niña; es una pérdida de tiempo. Las mujeres no poseen la habilidad natural de las conclusiones lógicas. El cerebro de las mujeres es tan pequeño que las mujeres son incapaces de entender altas ideas o conceptos. Y ciertamente hay esta verdad, que las mujeres son para servir a los hombres. Está determinado por la orden de la creación, jerarquía y fuerza de la voluntad. . .”

Entre otros argumentos, en la película, se escuchan comentarios aberrantes, de supuestos cardenales ilustrados, quienes afirman que el conocimiento hace que el útero de las mujeres se reduzca, y por lo tanto, se hacen infértiles. Sin duda una postura misógina y repleta de machismo delirante, que es característica hasta el día de hoy de quienes presumen representar a Dios aquí en la Tierra.
La vehemencia y audacia de la niña es más fuerte, y ésta logra seguir estudiando hasta alcanzar diversos cargos importantes, como el de Sumo Pontífice, solamente con su disfraz de hombre y su brillante inteligencia. La niña-mujer-pontífice, resulta ser un extraordinario personaje, que sin faltar a su fe cristiana, sacrificará su vida permitiendo que su destino la lleve hasta la verdad y la decepción. Ya elegida Papa, será testigo y protagonista de la intensa tensión que implica alcanzar el cargo universal de representar al Dios cristiano en la Tierra. La elección de un papa, no es una elección que se basa en señales espirituales o revelaciones sacras, sino una elección muy terrenal y materialista. En el seno de la Iglesia, se mueven intereses personales y de grupos; se producen fricciones entre cardenales, vendettas, traiciones y conspiraciones.
Por sobre todas estas pasiones humanas que pretenden el poder, el papa Johannes Anglicus (la papisa) conocedora del sufrimiento de la gente romana, uso todo su poder para ayudarlos. Mandó médicos a los albergues para atender a los humildes, y decretó que cierto porcentaje de los impuestos sea dado a los pobres. Pronto los romanos lo nombraron “Papa Populi”, es decir, el Papa del pueblo. Además, como jefe espiritual de toda la Iglesia Cristiana, reunió a todos los obispos de Roma para tratar muchas doctrinas antiguas que fueron revisadas y reconsideradas, como nunca antes se había hecho.

La película tiene un final infeliz, pero un mensaje contundente.¿Por qué hasta el día de hoy, el papado es exclusividad de los varones? Por lo menos el personaje, la papisa, es la historia de una mujer, que a partir de su fe, logra alcanzar el Papado para servir a su prójimo y hacer el bien. La película demuestra la verdad espiritual, que nadie, ni por su condición racial, económica o género sexual, está impedido de servir a Dios. Inclusive una mujer, que es digna de Dios, podría liderar una congregación religiosa cristina. Si no lo hace, es porque el monopolio masculino puede más que los supuestos principios cristianos. Así, muchos de los argumentos teológicos, han sido concebidos a la imagen y semejanza de los varones, y por lo tanto, arrastran los defectos de los varones. Muchísimos argumentos religiosos son más humanos o terrenales que celestiales, mientras que la fe, no tiene límites, y siempre está al servicio del bien.

La muy bien lograda película La Pontífice, pone en el centro de la polémica, uno de los tabúes más recalcitrantes de la Iglesia Católica, el tema del sexo, el tema de la discriminación sexual, que es al mismo tiempo el motivo de perversión de un gran número de sacerdotes. Se dice que después de la suplantación que Johanna cometió, la Iglesia se vio obligada a verificar en un ritual, la virilidad de los papas elegidos. Un eclesiástico examinaba manualmente los atributos sexuales del nuevo pontífice. Si todo era correcto, éste exclamaba diciendo: “tiene dos y cuelgan bien”.
Lo que no se ha dicho hasta el día de hoy, es para qué necesitan probar que un papa sea verdaderamente varón, si por el celibato, la natural y divina energía sexual ha sido arrinconada y reducida a pecado, a pecado cometido por sacerdotes y monjas, quienes por relaciones clandestinas han concebido hijos, condenados a la etiqueta de bastardos, ilegítimos, indeseables o degenerados. Pecado también son los abortos de las monjas, quienes se han entrampado entre su deseo de amar y su terror por quedar embarazadas. Un escape al infierno de vivir en constante abstinencia ha sido también el homosexualismo masculino y femenino, que se consuma en los conventos y monasterios. A todo este cúmulo de transtornos, se suman las violaciones cometidas por sacerdotes pedófilos, y más desviaciones fruto de una propuesta contra-natura como es el celibato.

La película está recomendada para creyentes y no creyentes, y reivindica la inteligencia femenina, así como su vocación sacerdotal.

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